La Moda de Emprender

Si bien mi primer emprendimiento comenzó a gestarse por el año 2004, no fue sino hasta el 2005 en que lo consideré como una opción viable, y luego de dejar correr algo de agua bajo el río, el 2008, una opción de vida.

En aquél entonces, emprender era muy cercano a lo que el concepto etimológicamente implica, una aventura riesgosa, incomprensible para muchos, sin un claro punto de retorno, pero una apuesta a largo plazo en definitiva.

El panorama al día de hoy, al menos en Chile, es diametralmente opuesto a aquel entonces. El paso de los años ha demostrado que el emprendimiento puede transformar la economía de los países, lo cual ha sido visto por los gobiernos de turno como una excelente oportunidad para mejorar su ubicación en los indicadores internacionales, transformando así al país en uno más popular.

Al año 2013, y luego del rimbombante “año del emprendimiento”, hemos visto cómo han aumentado los fondos estatales disponibles, cómo han crecido las incubadoras de negocios, cómo se ha posicionado el programa Startup Chile, cómo hemos sido sede de populares eventos emprendedores de connotación mundial, cómo se ha fortalecido la Asociación Chilena de Emprendedores y cómo ha aumentado, en general, el número de creación de empresas.

Ahora bien, como no todo lo que brilla es oro, me gustaría plantear algunas inquietudes que se subsumen en este fenómeno “rockstar” de emprender en Chile:

  • Superabundancia de subsidios estatales v/s inexistencia una industria de capital de riesgo. Con un fin, al parece loable, el Estado ha optado por tomar una actitud paternalista frente a los emprendedores, mas no de aquellos que empodera, sino de aquellos que entregan dinero no reembolsable a sus “hijos”, que en un gran número de oportunidades, gestionan negocios sin claro retorno, ni para ellos, ni para el país. A su vez, a pesar de los ánimos de la ley de mercado de capitales 2, que intentó crear una institucionalidad para la formación de una industria de capital de riesgo de calidad, a pesar de haber pasado más de 5 años de su promulagación, no puede reconocerse la formación de aquél, muestra de un claro fracaso para los creadores de políticas públicas.
  • Pobreza en los criterios de evaluación de proyectos subsidiados. Si bien, como mencioné anteriormente, ha existido un importante aumento en la cantidad de los subsidios del gobierno, no ha sido directamente proporcional el aumento en la calidad de los criterios de evaluación. Dado que la máquina estatal no ha optado por una integración total, la gran mayoría de los proyectos son evaluados por terceros “expertos” quienes lo hacen en base a criterios individuales, encuadrados en pobres y anquilosadas rúbricas. Asimismo, mientras que en más de una oportunidad se han asignado dineros a productos y servicios con escasa o nula potencialidad de mercado, negándosele a otros con altos grados de innovación radical; en otras tantas, se han subvencionado proyectos que plagian modelos de negocios y/o productos o servicios, demostrando el claro desastre que existe en este tipo de asignaciones.
  • Debilidad en la formación para el emprendimiento e innovación. A pesar que se pueda afirmar la existencia de un esfuerzo por parte de las autoridades en este sentido, día tras día vemos que nuestros emprendedores poseen un bajísimo nivel formación para el emprendimiento, lo que es peor aún en materias relacionadas a la innovación. Esto no hace sino comoditizar los productos y servicios que se comercializan.
  • Exigencia de “seguridad” por parte de los emprendedores. Si bien amo el emprendimiento y lo que aquella opción de vida conlleva, siento que las nuevas generaciones y otras no tan nuevas, han visto en este fenómeno “moda-emprendedor” una oportunidad para exigir una serie de regalías proteccionistas, olvidando que el concepto originario de emprender implicaba la toma de riesgos y la aventura. Hoy en cambio, se busca y pretende la protección de esta actividad con una armadura todo poderosa que evite el riesgo y asegure la tranquilidad y calma. Lo peor de esto, es que aquel emprendedor que no sienta que esté arriesgando algo y opte a emprender por moda, es probable que no lo tome en serio, lo cual lamentablemente, he podido apreciar en más de una ocasión.
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